lunes, 25 de agosto de 2014

Muy lindo...

De camino a casa, los árboles sin hojas le recuerdan aquella tarde de otoño. A veces llegó a pensar que su vida se acabó allí, en ese instante en el que las certezas pasaron a ser un breve puñado de espuma, escurridizo hasta ser inexistente. Claro, él en cambio tiene "otra vida", se la pasa bien, casi como si se lo refregara por la cara. La vida sigue, che, la vida es esto también. Sin embargo, para ella permanecer en ese estado de pena/rencor, es casi un consuelo. Algo aún la une a él, no importa qué, pero ella sabe que es lo único que puede esperarse de él. Sin rencor, sin odio, sin culpas, voy a ser libre al fin, voy a liberarme de él y de su fantasma. 
Y no, ella no quiere eso.